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La defunción de las personas mayores en España: últimas estadísticas y fallecimientos sin testamento

La defunción de las personas mayores en España: últimas estadísticas y fallecimientos sin testamento
La defunción de las personas mayores en España: últimas estadísticas y fallecimientos sin testamento

Conforme a un estudio realizado por Navarro y Navarro, fundamentado en los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE) y de otras fuentes fidedignas, en nuestro país mueren cada semana alrededor de 10.000 personas. Durante 2025, fallecieron en España un total 446.982 ciudadanos, lo que supone 0,90% de los casi 50 millones de habitantes registrados. Pero, específicamente, en este artículo extraemos y analizamos el “mapa” actual de la defunción de nuestros mayores, abarcando las muertes sin testamento, los fallecimientos sin haber tenido hijos y el sentimiento de soledad.

En comparación con 2024, las muertes, en general, aumentaron un 2,5% en 2025, pasando de 436.118 a 446.982, como señalábamos en nuestra introducción. De esta última cifra, 360.292 fueron personas de 70 años o más. Este dato implica que, el año pasado, el 80,66 % del total de las muertes se produjeron a edades avanzadas.

Andalucía y Cataluña, donde fallecen más personas mayores

Siguiendo con este análisis, el INE confirma que donde hubo más defunciones a la edad de 70 años o superior fue en Andalucía y Cataluña, un dato que no extraña al ser ambas comunidades las más habitadas de España.

En la región andaluza se registraron 75.686 óbitos, y en Cataluña 68.538. Mientras tanto, en la Comunidad de Madrid se sumaron 50.316 fallecimientos.

Por otra parte, y como se puede observar en la tabla anterior, el crecimiento vegetativo (nacimientos menos defunciones) fue negativo en casi todas las comunidades; las únicas que mostraron un saldo positivo en ese aspecto fueron Madrid, Murcia, Melilla y Ceuta.

Hombres y mujeres: la tendencia cambia según la edad

De las 360.292 personas mayores de 70 años fallecidas en 2025, 168.480 eran varones, y 191.812 mujeres -46,80% hombres, 53,20% féminas-. Sin embargo, este ligero repunte del género femenino en los porcentajes se debe a las muertes a partir de los 85. En otras palabras, entre 70 y 84 años de edad hay más fallecimientos de varones, pero desde los 85 cumplidos ocurre lo contrario.

Por ejemplo, en 2025, las personas de entre 70 y 74 años que fallecieron, 22.531 eran hombres y 12.496 mujeres. Pero en el otro extremo (con 90 años o más), las cifras se revierten así: 44.366 ellos y 87.063 ellas.

Dos franjas generales diferenciadas

En total, entre los 70 y 84 años de edad, murieron en 2025 en España 87.667 ciudadanos de sexo masculino, y “solamente” 61.239 ciudadanas.

Sin embargo, a partir de los 85 años, y hasta los 90 o más, 130.573 de los óbitos fueron de personas del sexo femenino, un número mucho más elevado que el de ellos (80.813).

Cuando la muerte no va acompañada de testamento

Los fallecimientos sin testar, o sucesión abinestato, son más frecuentes de lo que puede parecer. Según las informaciones confirmadas más recientes del Consejo General del Notariado (CGN), correspondientes a 2023, anualmente se celebran en las notarías más de cien mil actas de notoriedad de herederos abintestato (100.540 en 2023).

Este tipo de acta determina quiénes son los herederos de una persona fallecida a falta testamento, según el orden sucesorio legal: descendientes, ascendientes, cónyuge sobreviviente, hermanos y sobrinos, familiares colaterales hasta el cuarto grado (como los primos hermanos) y, finalmente, el Estado.

Efectivamente, cuando no hay herederos posibles, el Estado se queda con los bienes -viviendas, dinero y otros-. Por ejemplo, desde 2015 hasta 2022 el Estado absorbió 414 herencias, e ingresó por ellas mediante subasta un total 52.430.789,17 € (fuente: Ministerio de Hacienda al portal Newtral.es tras una petición de información pública realizada vía ley de transparencia). Las comunidades donde más cantidad de herencias fueron a parar a la arcas públicas durante esos siete años fueron Castilla y León, Madrid, Andalucía y el País Vasco.

Mortandad sin hijos en España: ¿qué dicen las encuestas?

Según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicada en 2024, el 10,9% de los adultos de 75 años años o más no han sido padres. La franja entre los 65 y 74 años, el porcentaje es muy similar: el 10,8%. Y entre 55 y 64 años de edad, el 18,5% carece de descendencia.

Por razones naturales, se podría concluir, calculando un promedio, que alrededor del 13,4% de los españoles mueren sin dejar descendencia. No conviene sumar esos porcentajes ni hacer una media simple, porque cada grupo tiene un tamaño diferente; para obtener una referencia conjunta habría que aplicar una media ponderada, que en este caso ronda el 13,4%.

Sin embargo, hay que ser muy cautelosos en ese sentido, teniendo en cuenta que el CIS trabaja mediante encuestas, y tanto el muestreo como los resultados no son equiparables, por ejemplo, a los datos estadísticos del INE sobre mortandad -basados en los Registros Civiles, aunque también puedan incluir estimaciones según la evolución histórica-.

Vivir en soledad no deseada: conclusión

Otra encuesta del CIS, en este caso de 2025 y relativa al edadismo, refleja que un 89,3% de la población está muy de acuerdo, o de acuerdo, con que las personas mayores sufren más soledad que los jóvenes, al vivir sin compañía. De hecho, conforme señala el Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada, ‘SoledadES’, impulsado por Fundación ONCE, “la soledad no deseada aumenta en la población a partir de los 65 años, y alcanza al 20% de los mayores de 75”.

La soledad, además, es cuantitativamente mayor entre las mujeres: entre las personas viudas de 70 o más años, el 18% son hombres y el 82% mujeres. Ya hemos visto en anteriores epígrafes cómo ellas son más longevas.

Esa soledad, señala el informe, también genera un importante coste social y sanitario, ya que mantenerse en esa situación durante mucho tiempo, sobre todo en edades avanzadas, puede perjudicar tanto la salud física como la mental, con un mayor riesgo de depresión, ansiedad y enfermedades cardíacas.

El hecho de vivir solo también puede favorecer que la persona no haga testamento, ya que en esa situación se podría reducir la percepción de urgencia por dejar ordenada la herencia, sobre todo si no se tienen hijos, pareja o familiares cercanos. Pero esta conclusión no se puede considerar automática ni uniforme, ya que depende de cada caso.


| De cualquier modo, el “mapa” actual de la defunción de nuestros mayores que hemos desgranado en este post lleva a pensar que, desde el punto de vista de las sucesiones, se está configurando una realidad cada vez más compleja, que complica las herencias y hace muchas veces necesaria la búsqueda de herederos a posteriori.

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